miércoles, 15 de octubre de 2014

El que delata y traiciona

El patriota cooperante



No existe algo que sea más degradante a la condición humana que un individuo traicionando, delatando a un semejante. Esta oprobiosa actitud se vivió de manera dantesca en los años de la Europa dominada por el nacionalsocialismo o como generalmente se le ha conocido; nazismo.
Fueron tiempos terribles, momentos cuando no era posible confiar en nadie ni mucho menos en quienes se acercaron al poder para protegerse, adulando a sus jefes. A esos individuos se les llamó de varias maneras: colaboracionistas, comisarios culturales o delatores.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la gran mayoría de ellos, intelectuales, artistas, académicos o simples políticos, comerciantes y parroquianos, fueron tomados por las turbas, linchados y colgados entre los escombros que dejó semejante torbellino bélico.
Esa práctica del individuo transformado en agente colaboracionista de un régimen fue adecuándose para poder sobrevivir con los nuevos tiempos.
Los regímenes totalitarios, autoritarios y militaristas, tanto de derecha como de izquierda, han sabido valerse de estos tristes y grises personajes quienes, una vez utilizados, son desechados como podredumbre humana que no tiene más valor para su uso.
Los más osados han sabido encontrar protección de padrinos, quienes les ubican casi siempre fuera, lejos del país de origen mientras el resto es sentenciado, generalmente asesinado con tiros de gracia.
A esta gente nadie le tiene confianza ni menos respeto, pues han vendido su honor por dinero, por un cargo público o por favores financieros.
Causalmente el laureado Premio Nobel de Literatura 2014, Patrick Modiano, aborda en su obra literaria la temática de los colaboracionistas en la Francia ocupada por los ejércitos hitlerianos.
En Venezuela siempre hemos tenido estos seres grises, anodinos y vendidos al mejor postor, sea por dinero, por cobardía o por resentimiento, bien social o político.
El caso más emblemático fue el del Marqués del Toro, quien cambiaba de bando según la intensidad del conflicto independentista. Unas veces se las jugó con los patriotas mientras otras, con carta de súplica ante el mismísimo rey pidiendo clemencia, se pasaba al bando realista. Terminó enterrado en el panteón nacional.
Ahora en la Venezuela del siglo XXI al régimen de turno le ha dado por denominar a estos agentes del deshonor humano “patriotas cooperantes” con pago, bono o gratificación incluida.
Varios de ellos desde hace algún tiempo, intelectuales y artistas, se han ganado un cargo en el servicio exterior mientras otros, fablistanes y llamados académicos, medran alrededor del régimen esperando su mendrugo a cambio de información.
Quienes conocen a estos individuos les dicen popularmente “sapos” y también “chupamedias”.
Triste terminar señalado por los ciudadanos decentes de un país de manera tan deleznable. Despreciado. Es humillante para un hijo, un nieto, saber que su padre, su abuelo se le conoce de esa manera porque una vez inclinó la cabeza y fue débil ante el Poder.

@camilodeasis

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